La iglesia parroquial era una modesta construcción con tapias de adobe y madera. En 1605 el gobernador Hernandarias mandó a demoler por muy vieja e indecente. En 1616 acabó de derrumbarse porque estaba mal edificada y con madera podrida de sauce.
Las obras se iniciaron en enero de 1618. Su costo sería de 1.100 pesos, a finales de éste mismo año la obra del templo estaba concluida, la misma resultaba más pequeña que la anterior y en 1621 ya se hablaba de construir otra.
Cuando el tercer obispo de Buenos Aires,Fray Cristóbal de la Mancha y Velazco llegó a su sede el 6 de octubre de 1641 halló a la catedral muy deteriorada. Así que concibió de inmediato la idea de levantar una nueva catedral y se lo comunicó al rey el 19 de noviembre de 1662.El templo iba a tener tres naves; para su construcción se necesitarían 5.000 pesos suma que solicitaba del real tesoro. En la persona del excelente gobernador Don José Martínez de Salazar halló el obispo quien colaboraría en la construcción del templo no sólo con su influencia, sino hasta con dinero de su propio peculio.
En el año 1671 la catedral estaba terminada constaba de tres naves, techo de madera y una torre.
Segunda Catedral
Al cabo de siete años por causa de la calidad inferior de algunos materiales usados en su construcción empezó a dar muestra de su ruina inevitable: siendo entonces la segunda catedral. En el año 1678 el nuevo prelado, Antonio de Azcona Imberto se dirigió al rey haciéndole presente la urgencia en la reparación de la catedral y solicitando la suma de 12.000 pesos. Su majestad acudió a la demanda de tal manera que en octubre de 1680 se dio comienzo a las obras. Pero aquí surgieron otras dificultades porque el techo se desplomó, se destruyó a consecuencia de ello el retablo del altar mayor y se impuso la demolición de la torre por la gravedad de su deterioro. La reconstrucción marchó muy lentamente, sobre todo por razones de orden económico. A pesar de ello, en 1690 la iglesia con sus tres naves estaba cubierta, aunque todavía faltaba adecentar su interior y por la parte de fuera sus capillas, la sacristía y había que elevar la torre que hasta entonces sólo contaba del primer cuerpo. Para hacer frente a todos los gastos se vendieron todos los medios disponibles: la real hacienda, el obispo con sus rentas, alhajas y el vecindario con sus limosnas.
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